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Megapresas, un mal disfrazado por los gobiernos
Redacción Informativo del Sur de Jalisco
buzon@periodicoelsur.com

Viernes 7 de Julio del 2006
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(Horizontes).- Si  eres de los que creen que el problema del agua es solo un tema que está de moda, y no has visto más allá de lo que tu vaso con agua medio lleno o medio vacío te deja mirar, te invito que eches un vistazo a cosas más graves que ni tu ni yo normalmente nos enteramos, espero te guste y conozcas un poco más del tema.

 

Por lo general, las presas sirven para producir energía eléctrica y dar abasto de agua para uso agrícola, doméstico e industrial; con ellas también se busca prevenir inundaciones causadas por grandes avenidas (crecientes impetuosas) de ríos en zonas pobladas. Pero también…

 

Las megapresas tienen un costo ambiental, social y económico muy alto. Son un gran negocio para constructores y productores de energía, pero los impactos en la biodiversidad y los ecosistemas donde se construyen son prácticamente irreversibles, así como los efectos sociales.

 

Por ello, muchas personas promueven la creación de micropresas, que tienen un impacto mucho menor, no desvían ríos ni destruyen cuencas completas, ni impactan tan devastadoramente en los ecosistemas y en la biodiversidad.

 

Las megapresas necesitan enormes extensiones de terreno para su construcción y afectan la biodiversidad y a las poblaciones, y generalmente ocasionan éxodos humanos, desvío de ríos, construcción de carreteras, etc.

 

El impacto biológico y social suele ser muy negativo, sobre todo si se toma en cuenta que el daño no vale la pena, ya que la mayoría de las presas sólo tienen una vida útil de 60 a 80 años, dependiendo del terreno donde se encuentren y de su mantenimiento.

 

Además de las causas que se han mencionado, preocupa el hecho de que en todo el mundo se planea la construcción de miles de megapresas hidroeléctricas, ante lo cual han surgido numerosos movimientos y organizaciones civiles para contrarrestar esos proyectos. Quizás los dos más difundidos y recientes son los de las presas Arcediano, en Jalisco, y la presa de La Parota, en Guerrero.

 

Entre las violaciones a los derechos humanos ocasionadas por las megapresas, la más terrible es y ha sido la violación al derecho de la vida. La producción minera y la construcción de megapresas han sido los proyectos de “desarrollo” que más muertes y asesinatos han causado en el mundo, sobre todo de pueblos indígenas.

 

A causa de la construcción de la represa Miguel Alemán, en México, se incendiaron las viviendas de 21 mil indígenas mazatecos. La represa de Kariba, en Zambia y Zimbawe, desplazó a 57 mil indígenas tonga y el gobierno envió tropas para reprimir a quienes no quisieran mudarse.

 

Hubo derramamiento de sangre. En el 2000, indígenas embera-katio de Colombia pidieron asilo político a la embajada española después del asesinato de otros de sus líderes debido a la oposición de la represa Urrá.

 

Estas historias se repiten a lo largo y ancho de América Latina y el Caribe. Si no las detenemos se agudizarán al continuar los planes de expansión del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el Plan Puebla-Panamá (PPP) y la Iniciativa de Integración Regional para Sudamérica (IIRSA).

 

Al hacer un balance de los pros y contras al día de hoy, quienes defienden los grandes proyectos siguen argumentando aquellos mismos beneficios que se ofrecían desde principios del siglo XX (energía, agua para riego, control de inundaciones…) y ninguno nuevo.

 

Por el contrario, quienes están en contra y han sufrido sus impactos, cuentan con una lista argumental más amplia y documentada. Lo que hace ver que es indispensable para los gobiernos actuales reenfocar sus políticas, procurar realmente la participación social, sin duda una parte fundamental para la planeación de un proyecto de este tipo, y buscar alternativas de muy bajo impacto ecológico y social, sin olvidar que se debe cambiar hacia energías renovables, limpias y seguras.

 

Hoy día es inaceptable que los gobiernos pretendan continuar con proyectos altamente destructivos de la sociedad y el ambiente. El desarrollo debe ser comprobablemente sustentable, y sobre todo equitativo para todos, ya que, en la balanza, los argumentos en contra van ganando terreno y logrando con sus luchas replantear la forma de tomar decisiones de las autoridades, antes de construir una megapresa.

 

En Sayula estamos organizando un movimiento para fortalecer una nueva cultura del agua, si te interesa ayudar a la causa o dar tu punto de vista estas invitado escríbenos a mision_rescate_sayula@hotmail.com.

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