Por: Francisco Israel Orozco López, estudiante de Arquitectura (fiol_1388@hotmail.com)
La mejor arquitectura tiene la capacidad de abrirnos el sentido de la existencia sin reducirse a un significado único. Arquitecto mexicano, Alberto Pérez Gómez, Docente en la Universidad de McGill, Canadá.
Sayula se presenta como una joya, un minúsculo espacio en donde las emociones coinciden en el erigir sociedad, cultura e historia. Ciclo perfecto en donde el deleite visual desborda las emociones al recorrer sus calles y entrar en contacto con un espacio en donde el paisaje es el remate visual, el contexto inmediato que alberga a las edificaciones con años de historia, pero ante todo, momentos históricos que reflejan las raíces citadinas que son las que le adhieren un modo de vivir por albergar un espíritu que impregna un aire de misticismo. Pueblo mágico que nos devela a cada instante, en cada momento, el estar inmersos en la tierra de Rulfo, de ese mágico poeta literato que, armado de valor, refleja y condena su tiempo. Tiempo de injusticias y abusos. Como el nuestro.
Las ciudades en cada momento emergen todos los días como organismo vivo, necesitando de acciones inmediatas para la movilidad y enriquecimiento del espacio público y de nuestro patrimonio colectivo, o en su antónimo; la muerte. El entierro de los restos que contienen palimpsestos de nuestros orígenes. En Sayula no es la excepción, mucho menos un caso aislado en donde la colectividad, coadyuvada con sus gobernantes, deben de implementar medidas urgentes en el quehacer de la conservación y preservación de su legado cultural, el mismo que en últimas fechas ha sido violentado tajantemente, al extremo que no exista autoridad alguna que ponga fin a las múltiples acciones que han abonado a sobremanera al deterioro de lo único que coexiste en la mente del viajante al momento de visitar nuestra ciudad, sus magnánimos Portales, esos que en circunferencia con la Plaza de Armas, elevan y ponderan un espacio que resurge y se impone ante una traza urbana perfecta que nos remite a pensar en Europa y sus plazas, esas que ordenadas y jerarquizadas, elogiaban y ensalzaban el poderío de ciudades que son símbolo de identidad para el ciudadano, sin olvidar la del turista que visita Sayula, ese que extasiado de la confrontación de momentos espaciales queda impresionado al concebir una maravilla que se ubica sí, al sur del estado, en la tan prostituida y a la vez hablada Sayula.
En la arquitectura hay dos términos, lo significado y lo que significa, y ambos términos lo posee a la perfección el mayor complejo que compone a nuestro Centro Histórico, EL PARIÁN, ese que ha fungido como la maqueta experimental de estudiante de arquitectura de primer año para realizar, y nutrir los bajos instintos morales y puesta en escena de valores nulos de quienes, lejanos a nuestra ciudad y con mucho poder entre sus manos, amordazan y realizan lo que les place sobajando en gran medida la morfología de esta pieza de arte, pieza que posee orden, lo que los griegos llamaron taxis; de disposición, a la que dan el nombre de diátesis; de euritmia o proporción (simetría, decoro) y de distribución, que en griego se dice oikonomía. Ideas que, vaciadas en un edificio arquitectónico se componen de un trazado en planta, en alzado y en perspectiva. Todo lo anterior, expuesto en un plano.
Si bien es cierto que el decoro es el aspecto correcto de la obra, este siempre resulta de la perfecta adecuación del edificio en el que no haya nada que no esté fundado en la razón. Por desgracia en Sayula la razón no existe, ni en su ciudadanía, ni en las instituciones -INAH, PRODEUR, SECTUR, SECRETARÍA DE CULTURA- que se dicen ser los portavoces de ejecutar y hacer valer las leyes-reglamentos, sin la exclusión, desde luego, de los propios reglamentos internos, esos que en este mismo sitio -EL PARIÁN-, han sido simplemente arrojados al vacío a causa de unas cuantas monedas, esos que haciendo uso de sus relaciones, ahora imponen una estructura monstruosa, desprovista de carácter para la finca a manera de domo o, toldo, y además, tanques visibles desde la vía pública en pleno Centro Histórico sobre la azotea, cuando esto queda abolido, dado a que la limpieza de la vía pública, y muy en especial de edificios históricos, debe de ser momento de supervisión o reflexión por parte de autoridades competentes, autoridades que por estar en México, simplemente no existen o, se hacen de la vista lejana ante el instante de defender y conservar la sana adecuación y composición de este edificio icónico.
"Instalaciones y servicios deben de quedar ocultos desde cualquier ángulo visual del entorno (10.2. SECCIÓN PRIMERA.- DE LA OBRA NUEVA / Art. 33 – punto III). Alterar la imagen urbana con elementos visibles desde la vía pública tales como: a) anuncios, letreros y faldones luminosos de cualquier tipo o diseño, b) marquesinas o terrazas, c) toldos fijos, d) objetos voluminosos, e) tanques de agua o gas, e) bajadas pluviales, f) instalaciones eléctricas aparentes, g) antenas de cualquier tipo (10.3. SECCIÓN SEGUNDA.- DE LAS FACHADAS / Art. 35-36 – punto IV)."
Lo anterior, es lo que PROHÍBE el "Reglamento de Conservación y Preservación del Centro Histórico" de Sayula, Jalisco; mismo en el cual se infringe y queda totalmente inaceptado lo que ahora realizan en donde meses atrás, demolieron salvajemente ventanas para convertirlas en accesos, y accesos convirtiéndolos en ventanas que, con herrería en su vano, rompieron con la armonía de la fachada, muy a pesar que el mismo reglamento que se ha enunciado lo condenaba. Aquella vez, no hubo castigo alguno, sino, el aplauso de nuestras autoridades en turno ayudados por estetas y fascistas que arrogantes en decir que han estudiado en Universidades de otros países, deciden y manipulan las leyes sin que nada ni nadie haga algo en contra de ellos, personas tan desdichadas que demeritan a la profesión y entre esas prácticas, lastiman y rasguñan nuestra historia; la sonrisa de EL PARIÁN.
Es totalmente inconcebible, y en cierta manera absurdo que estas labores que hoy acontecen en esta finca, hayan sido avaladas nuevamente por el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), por los Arquitectos; MARTHA LETICIA ULLOA y CUAUHTÉMOC DE REGIL, y la Dirección de Obra Pública Municipal simplemente no haga nada por el caso.
Bien es sabido que este texto no cambiará nada de lo que ya sucede, puesto que la palabra de la sociedad es letra muerta ante los designios de quienes ayudados del poder trabajan a usanza y placer.
Ante una mirada pasiva viendo como se altera el estado original de nuestros edificios históricos, esperamos que las próximas autoridades que ingresen a gobernar tanto en el estado de Jalisco como en el municipio, no dejen que nuevas personas incidan directamente en destruir el patrimonio, porque sin dudarlo del turismo se mantiene una sociedad, y Sayula tiene todo para ser un detonante cultural importante que ponga de manifiesto su paso en el tiempo, un tiempo que hoy al paso de nuestra existencia se agota y fenece ante la indiferencia de su pueblo, ese que muchas veces menciona a los que hacemos estas acusaciones como opositores al "cambio" o a la "modernidad", y no, no nos oponemos a ello, la oposición se filtra desde el reconocer lo valioso que es nuestro municipio, y a la tristeza brindada por ver a foráneos que hacen y deshacen a su antojo. Haciendo de nuestra cultura; ¡mierda!
Esto es Sayula; la Sayula que siempre negó Rulfo, el sitio en donde el gemido de sus habitantes no es escuchado por nadie. El Sayula en donde todo puede pasar, desde ayudar a alguien que se le quemó su carpintería hasta ignorar a un menor que fue electrocutado y que las autoridades y pueblo en general hicieron nada para ayudarlo. El Sayula que desacraliza monumentos históricos pintando en sus muros o adhiriendo estructuras que desentonan por completo con la legibilidad del contexto. El Sayula en donde se prohíbe por parte del INAH el cambio de la puerta principal del pórtico del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe para restituir el viejo, pero sí se otorga el permiso del quisquilloso INAH para alterar la fisonomía de edificios históricos. El Sayula que bendice murales y los eleva al grado de obras de "arte". El Sayula en donde el INAH es el poder supremo en la toma de decisiones. Un Sayula que, al término del día se presenta como esa joya de inconmensurable valía pero, asaltada hasta las creces, en donde el Ánima ya no tira monedas, sino lamentos.
Así como lo mencionó Gloria Reza en Proyecto Diez, periodismo con memoria, "Destruir el Patrimonio debería de constituir un delito, el castigo a todos los funcionarios que tratan de ensalzar su existencia con obras de egolatría que se caen al término de la función".
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