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“El PRI ganó las elecciones en Jalisco”: Javier Galván Dixit
César Augusto Rodríguez Gómez
buzon@periodicoelsur.com

Jueves 24 de Agosto del 2006
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Se va un regidor, se va un diputado, un presidente municipal; la sangría no cesa y el presidente del PRI, Javier Galván, sigue “muy orondo”. No atañe a la situación interna y actúa como si en la pasada elección el PRI hubiera obtenido “carro completo”. O será más bien que el golpe del “bulldozer panista” fue tal que le provocó alzhaimer para no recordar nada de lo que hace unas semanas sucedió: el cataclismo.

Se van y se van, y Galván sigue arriando banderas. Parece ser un digno partidario del grito que los ciudadanos argentinos dirigían a sus políticos en la crisis del 2001: “que se vayan todos”. Qué ha de pensar Galván al llegar a la sede del partido cada mañana. Seguramente su subconsciente se ha de mover al ver el logotipo del PRI reflejado en los cientos de espejos que decoran la fachada de la sede del partido.

La visualización del logotipo le ha de provocar impactos cerebrales de la época en que el PRI arrasaba en todas las elecciones, seguro eso es, porque así actúa. Como si el partido bajo su dirección hubiera ganado todo: la gubernatura del estado, la mayoría absoluta en el congreso local y todas las diputaciones federales en disputa.

Pero la cruda realidad es que el partido bajo su dirección ha perdido casi todo. Se ha quedado únicamente con la “morralla”. Los municipios morralla y el único distrito morralla que ganaron, el 19. Ahí donde hasta unas horas antes de cerrarse el registro tuvieron en vilo la candidatura a la diputación federal de Salvador Barajas. Había otros “más rentables” y que se “la jugaron” con Zamora, así lo decidieron en varios distritos del estado.

Porque tanto para la dirigencia estatal y el candidato al gobierno del estado, Arturo Zamora, prácticamente los 44 municipios que el PRI ganó eran parte de los 87 “no prioritarios”. Qué importaba que el PRI perdiera San Gabriel, Tolimán o Zapotitlán, esos municipios no importaban para la campaña de Zamora, sólo los “prioritarios”: Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Tlajomulco. Esos son los que visitaba Zamora, los demás eran “muy pequeños”, ahí no se concentraba el “grueso de la población” y poco servirían para ganar la elección estatal.

Desde su elección Galván demostró su muy peculiar estilo de dirigir. A su competidor en la elección interna, Juan Enrique Ibarra Pedroza le facilitó la salida para irse con el peje (a cambio de una senaduria, ajá. ¿Cómo la quiere… peladita y en la boca?) Poco le importó incluir en la dirigencia al grupo que a éste lo respaldó, le pedían una secretaría de las varias con que cuenta por estatutos la dirigencia y no negoció ninguna.

El viejo adagio de que el ganador toma todo y el perdedor de igual manera ha sido uno de sus principios rectores para conducirse. Poco importaba cómo se resolvían las decisiones al interior del partido, en éstas siempre se privilegiaba una visión sobre la otra sin complementarlas. La visión unilateral ha prevalecido, aún a costa de sus propios aliados que en su momento fueron determinantes para llevarlo a la dirigencia (Francisco Javier Guízar).

Así pues, el diálogo en el disenso para llegar al acuerdo, esencia de la política, es por demás desconocido y ha caído en desuso en el dirigente estatal. “Las puertas del partido están abiertas para entrar y salir” (más bien para salir), parecía decir Galván cada vez que había una discusión al seno del PRI. “Nos estamos quedando los buenos, los que se van son unos convenencieros que no tienen identidad partidista”, (no lo decía él, pero así era) etcétera y más etcéteras.

Así se han decidido los asuntos dentro del PRI. Bajo el aura de que sólo cuenta una visión. Puede decirse que muchos de los males del PRI ya son endémicos, como el deterioro de la imagen del partido por tantos años de haber gobernado.

Pero hay que recordar que hace apenas tres años en las elecciones intermedias del 2003, superó al PAN en votos y ganó la mayoría de cargos en disputa: las diputaciones federales, el congreso del estado, las presidencias municipales.

Se puede aducir también que como en todo el territorio nacional, el PRI se vio afectado por la candidatura de Roberto Madrazo, es cierto, pero no podemos dejar de recordar que la dirigencia encabezada por Javier Galván fue una de las más entusiastas propulsoras de su candidatura, a costa de todo, dejando de lado las más elementales reglas de neutralidad en los procesos internos.

La discreción se estableció como norma y “valemadrismo” se hizo Ley. Precisamente ha sido en los procesos internos en donde esta particular visión de dirigir, que no respeta la neutralidad, ni la imparcialidad ha dejado una honda huella en el accionar del PRI, y no estaría por demás decirlo, ha sido fundamental en los resultados negativos obtenidos.

La poca claridad prevaleció en todo: en la “elección” del ex gobernador Carlos Rivera Aceves como árbitro de las contiendas internas de elección de candidatos; en el manejo de las “cuotas estatutarias” que esta comisión pedía a los precandidatos.

¿A dónde fue a parar todo este dinero? ¿En dónde quedó el dinero que el IFE a través del CEN le manda, o el que directamente les entrega el IEEJ? En dónde quedó si a los candidatos a todos los órdenes de gobierno no les dieron prácticamente nada (sería nada si sólo hablamos de los candidatos a presidentes municipales, un poco a los estatales y algo a los federales). En dónde quedó si los precandidatos pagaron todos los procesos internos: las encuestas, las urnas, las boletas, las mamparas…

Pero además de esto los que querían competir tenían que enfrentarse al “me vale que se enojen”: “que no le parezca a tal o cuál candidato las reglas”. “Si no le parece que se vaya, las puertas están muy grandes”. A Galván muchos de ellos le valieron… y se fueron, llevándose dos o tres puntitos a otro partido, los suficientes para hacer perder la elección a los que se quedaron.

Volviendo al asunto de los recursos, sigo pensando... en dónde quedaron. Si a los candidatos sólo les dieron unos cursos motivacionales para que no les decayera el ánimo durante la campaña. Unos cursos en donde se tuvieron que aprender una y otra vez el chiste de los “Fenicios”, que de vez en vez contaba el delegado del CEN y coordinador de la campaña de Arturo Zamora, Manuel Cavazos Lerma.

Y llegó la derrota, (no llegó claro está, se fue a ella), la más grande derrota que el PRI haya sufrido en Jalisco. Porque hay que recordar que en el 95, en medio de la peor crisis económica y social jamás vivida en el país; en medio de asesinatos, como el del Cardenal Posadas Ocampo y del candidato Colosio, todavía el PRI alcanzó a ganar tres diputaciones y 63 municipios.

Lo de hoy ya lo vimos. Sólo una, y esa una que no habría sido tal si Zamora y Galván hubieran seguido con el aferramiento  de no dejársela  al candidato natural para ella. Hubiera sucedido lo del distrito 1, o lo del 15 o del 18, por tal sólo citar tres ejemplos. Ahí se dejó fuera a los candidatos naturales para ganarlos: los diputados locales, José Ángel González,  Enrique García y Armando Pérez Oliva.

Metieron las manos para poner candidatos al gusto de Arturo Zamora  y Javier Galván, ahí vemos el resultado. Sobre todo en el mismo distrito del cuál todavía es diputado federal éste último, el 18 de Autlán, siendo la primera vez que se pierde. Pero quién eligió ahí a sus candidatos…

Así las cosas, qué color verán actualmente en el PRI Jalisco, (el nacional no canta mal las rancheras): ¿El negro de la derrota? No creo, más bien el tricolor de la memoria idílica y los años mozos. Parece ser que en ése estadio se han quedado. Habrá que volver de ese letargo del pasado. Pero habrá que volverlos… a la realidad.

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