Ramiro Arredondo-Hernández E-mail plumadesalva@yahoo.com Puerto Vallarta Jalisco Sin duda el tema principal en cualesquier conversación, sigue siendo la crisis económica por la que estamos atravesando desde la segunda semana de Abril del 2009 aunque en realidad esta caída financiera, para Puerto Vallarta comenzara desde Mayo del 2008. Y aunque no soy vocero oficial de ningún organismo empresarial me gustaría compartir con Uds. algunos puntos de vista, referentes a una recuperación que ya está en puerta. Y es que hay algunos signos optimistas que confirman el restablecimiento temprano de la infraestructura turística debido a un aumento muy notable en la cantidad de arribos a este destino. Esto se explica por esa larga fila india de aviones alineándose para aterrizar, señal inequívoca de que empieza una mejoría para Puerto Vallarta y los lugares turísticos de nuestra región. Estas llegadas coinciden con un patrón migratorio de visitantes estacionales, que favorecerá a la economía local con una estancia que pudiera alargarse hasta Abril del 2010. El aumento de vuelos a Vallarta es, de por sí, una garantía de recuperación para esa industria turística de la que dependemos la mayoría de vallartenses, así como la casi totalidad de los habitantes de esos poblados serranos que están vinculados con Puerto Vallarta y la Riviera Nayarita. Así, si las cosas se siguen dando como hasta ahora, los beneficios económicos del restablecimiento turístico comenzarán a notarse de manera generalizada, a más tardar durante la primera quincena de Diciembre luego que hoteles y restaurantes y servicios comprueben que existen condiciones como para iniciar la recontratación de personal. Por tanto, habría varias etapas en el proceso de recuperación, cuando la primera sería la regularización de vuelos; la segunda vendría con la reactivación de la planta turística; la tercera tendría que ver con la recontratación laboral; y la cuarta con el gasto de la primera quincena salarial de temporada alta. Ahora que si convirtiéramos esto en fechas, tentativamente sería así: 1)Desde Noviembre primero, regularización de vuelos; 2)Desde Noviembre quince, reactivación de la planta turística; 3)A más tardar desde Noviembre veinte, recontratación laboral; y 4)Desde el primero al doce de Diciembre, primera quincena derramada en la economía local. Claro, siempre y cuando no se le ocurra a algún gobiernero declarar otra falsa alarma que ponga en estado de pánico al turismo internacional, porque hasta hoy Puerto Vallarta ha tenido la virtud de poder recuperarse, a pesar de los yerros de sus gobernantes. De ahí que en esta vez se exija prudencia y responsabilidad a las autoridades, en beneficio de una restauración turística. Por su parte, no sólo la planta turística sino todos los negocios de Vallarta ya se enfrentan a un reto muy semejante al que se está viviendo en estos momentos en Estados Unidos y Canadá, cuando todos los negocios, desde los familiares hasta las grandes empresas, deberán reconstruir esos inventarios que resultaran hechos añicos luego que se declarara la crisis múltiple nacional y global, a mediados de Abril del 2009. Pero el mayor desafío, consistirá en saber satisfacer a un turismo dominado por un ánimo muy conservador en sus gastos, circunstancia que limitará la derrama económica en esta temporada alta, que posiblemente será más pobre que la de 2008. Pero en el renglón de grandes escollos destacará nuestra acapulquización, cuando dos alcaldías vallartenses autorizaran una proliferación desenfrenada de proyectos inmobiliarios. La sobre oferta de inmuebles de propiedad, representa ya desde ahora una competencia desleal contra la industria turística, misma que tendrá que reducir su fuerza laboral, adecuándola a una notable disminución del hospedaje. Esta circunstancia supone que toda la industria asociada con el turismo deberá recalibrarse a la baja, debido a las ociosidades en planeación urbana engendradas durante los dos últimos y controversiales trienios, el de Gustavo González y el actual de Javier Bravo. Las consecuencias vendrían cobrándose a esa masa laboral sindicalizada, que deberá adaptarse a la circunstancia cuando la hotelería y los restaurantes dejen de ser las principales fuentes de empleo. La acapulquización vallartense, no es algo novedoso al existir antecedentes de algo similar a partir de la década de los 60, cuando varias administradoras de mansiones y residencias llegaran a emplear a una fuerza considerable de trabajadores, en actividades relacionadas con el mantenimiento y con la administración doméstica de esas casas llamadas “de americanos”. Esto mismo podría estarse repitiendo, pero ahora en esas nuevas torres de condominios. Hasta aquí todo iría bien, si nuestro sector laboral se adapta a esta nueva situación del empleo. Lo malo residiría en esa tendencia de nuestros visitantes a la compra de apartamentos económicos, donde se incluye la vivienda de interés social. Esto, de momento beneficiaría a algunas inmobiliarias que harían ganancias al dotar de alojamiento a esos visitantes que, de otra manera, tendrían que hospedarse en hoteles o conseguirse departamentos rentados. Como vemos, las expectativas seguirán condicionadas por muchas variables, pero la economía vallartense continuará sujeta a una temporada alta y al bache fatal de una, cada vez más larga temporada baja. Pero mientras tanto, ya viene la recuperación, gracias a Dios…
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