A 200 años del inicio de la Independencia Nacional, ¿cómo andamos? Por José Rodríguez Figueroa
Si la libertad implica autonomía y autodeterminación de los seres racionales, vale la pena preguntarnos, ¿qué tan autónomos y auto determinantes somos los mexicanos, a 200 años de iniciada la Independencia Nacional?
Si enfocamos nuestra interrogante al aspecto económico, nuestro país sale reprobado en autonomía. Nuestra dependencia política y económica de los Estados Unidos sigue siendo una realidad presente y constante. Tan es así, que ante la reciente crisis financiera de los Estados Unidos, México se convulsiona sin atinar a encontrar las adecuadas medidas para salvar la crisis mundial, no obstante que el gordito Carstens declaró que ante este fenómeno a nosotros sólo nos pegaría un catarrito. En este terreno, ¿qué grado de satisfacción social existe en México en la actualidad? Sin afanes alarmistas, de seguir las condiciones como están en nuestro país, no dude usted que no esté lejos un lamentable estallido social en 2010, similar al de 1810 y al de 1910.
Ser libre, supone además, mejoría en la calidad de vida de los seres humanos. Los libertos se distinguen de los esclavos en que bajo su nueva condición de libertad ya pueden atender a sus necesidades elementales de habitación, alimento, educación, salud y desarrollo para ellos y para su familia, como resultado de su esfuerzo personal, en un país que les brinde la oportunidad de crecer y desarrollarse; sin embargo, la pobreza extrema crece incontenible en nuestro país.
De los 200 años de libertad, los mexicanos hemos vivido 71 años de gobierno del PRI y ya 9 del gobierno panista. Los albiazules, con Fox a la cabeza, lograron el acceso a Los Pinos con la falsa promesa del cambio y la abolición de la corrupción de lo que los mexicanos estamos hartos ya, pero que los azules no pudieron lograr el cambio; se manifiesta en hechos contundentes. Transparencia Internacional, recientemente, ubicó a México en el lugar 72 entre 180 países evaluados por la propensión a la corrupción. El sexenio foxista fueron seis años desperdiciados para México, aunque él y sus familiares allegados bien que lo supieron aprovechar.
Legislaturas van y legislaturas vienen y no vemos los mexicanos que algún congreso presente una iniciativa de ley que permita acabar de raíz con toda clase de latrocinios que se dan desde el poder, bajo el amparo de la impunidad, abusos, desviaciones presupuestales, asignación de obra pública para los amigos, programas sociales electoreros, uso indiscriminado de recursos públicos para apoyar campañas políticas, bajo la amenaza de suspender los apoyos si no se vota por el candidato del partido en el poder.
Los gastos superfluos, como los realizados por la actual administración en Tamazula en la construcción de una super asta, del tamaño de las ansias protagónicas de los azules locales, para colocar una Bandera Nacional también enorme y desproporcionada para las dimensiones tan reducidas del jardín municipal. Bandera Nacional que no se iza ni se arrea diariamente como lo establece el reglamento respectivo y que ya está mostrando girones rasgados en su sección roja, que significa unidad, como rasgada está la unidad de los tamazulenses. El hecho de no izar y no arrear la Bandera como está establecido y el hecho de que muestre rasgones el lábaro patrio, va en detrimento del gran símbolo patrio que representa nuestra enseña nacional.
Ojalá que los nuevos legisladores, que pronto habrán de entrar en funciones, sí se preocupen por crear leyes y cuidar que se apliquen para dar certeza jurídica a la impartición de la justicia y ver que rindan cuentas los nuevos ricos millonarios que cada trienio o sexenio salen de las administraciones, después de haberse sacrificado por el pueblo.
Así veríamos que tendrían que dar cuentas los nuevos ricos que al amparo del poder han multiplicado su poderío político y económico, aprovechando las circunstancias de estar dentro de la ubre oficial, para promocionar la creación de viveros y plantaciones de aguacates y otras plantas productivas como se hizo en nuestro municipio, utilizando los recursos del erario en beneficio personal y de sus grupos de familiares y allegados incondicionales.
Entonces sí valdría la pena hablar de libertad.
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