CIUDAD GUZMAN, JALISCO, (EL SUR).- Como es costumbre, desde
hace 258 años, el pueblo de Zapotlán El Grande, agradeció los favores recibidos
del Patriarca San José, con la tradicional fiesta religiosa que en su honor se
organiza en el mes de octubre.
Desde el 19 de marzo, el Obispo de Ciudad Guzmán, Rafael
León Villegas, exhortó a la comunidad porque este año la festividad se enfocara
a conmemorar las Bodas de Oro de la Coronación Pontificia de la Sagrada Imagen,
por lo que una serie de actividades se prepararon, ex profeso, para solemnizar
dicho acontecimiento, bajo el lema de "Memoria y gratitud de su
pueblo".
Las convocatorias para elaborar la pintura y décima
literaria alusiva a los 50 años de la Coronación, fueron la pauta con la que se
iniciaron los preparativos, resultando ganadores Vicente Graciano Rocha y Pedro
Mariscal, respectivamente. Los carteles fueron debidamente distribuidos en la
ciudad, el último domingo de septiembre, en el tradicional desfile del Reparto
de Décimas, en lo que fue el gran anuncio de la fiesta.
Para los días 4, 5 y 6 de octubre, se llevó a cabo el
Congreso Josefino, donde hubo una importante participación por parte de la
comunidad religiosa de los Misioneros Josefinos, y cuyo objetivo fue el de
acercar al testimonio de Señor San José y conocer mejor su presencia paternal y
solidaria en la Iglesia y en la región, la que tuvo una concurrida respuesta.
Se proyectó la película de la Coronación Pontificia,
importante documento fílmico donde se muestran los preparativos y el desarrollo
del trascendental hecho histórico de hace 50 años, a iniciativa de la familia
Arias Sánchez, a cuyas presentaciones asistieron numerosos fieles que se
concentraron en el recinto catedralicio.
Un Coloquio denominado "Danzantes y Sonajeros de
Zapotlán", fue también una importante aportación, para adentrar a la
comunidad interesada en estos temas desde la perspectiva de diversos
especialistas en el área, quienes ventilaron sus muy particulares puntos de
vista ante el fenómeno social que subsiste en estos complejos grupos
organizados; destacándose la presencia de Otto Schondübe, Federico Munguía,
Isidoro Jiménez, Guillermo de la Peña, Enriqueta Valdez, Alfredo Monreal y
Fernando González Castolo.
También fue destacada la exposición que, sobre Arte Sacro
Josefino, fue montada en la Capilla Anexa al Templo de la Tercera Orden, una de
las más importantes joyas arquitectónicas de Zapotlán, donde se exhibieron
reliquias de gran relevancia histórica y artística en objetos, como los
vestidos de las Sagradas Imágenes, las Décimas, algunas pinturas y un gran
número de fotografías, donde se incluyen imágenes captadas de los tronos, las
alegorías, la coronación, la Catedral y escenas varias de la festividad.
Las peregrinaciones que se pudieron observar fueron muy
numerosas y concurridas, destacando como siempre la de los Hijos Ausentes, y en
las cuales una gran cantidad de ofrendas fueron puestas a los pies del Santo
Patrono, haciendo los creyentes derroche de la gran devoción que profesan al
carpintero de Nazareth.
En la víspera de la gran fiesta, los "enrosos"
fueron la pauta de la alegría y el color que adquieren estas celebraciones
religiosas. Las calles, inundadas de gente, fueron tapizadas de flores de
cempasúchil, mientras la chirimía y las danzas se unían en sonidos y pasos
evocadores al patriarca José.
La solemnísima Misa Pontifical o de Función, fue encabezada
por el eminentísimo señor don Juan Sandoval Iñiguez, Arzobispo de Guadalajara,
quien fue recibido con gran júbilo. En la Iglesia Catedral, que fue
profusamente engalanada para el acontecimiento, Sandoval Iñiguez hizo derroche
de su gran preparación y conocimientos, donde ventiló amplios conceptos
históricos sobre el patrocinio de San José en Zapotlán. Al término de la
Celebración Eucarística, el propio Cardenal, junto con Don Braulio Rafael León
Villegas, Obispo de la Diócesis, develó una placa de mármol conmemorativa a las
Bodas de Oro de la Coronación Pontificia, junto al altar de Señor San José.
Por la noche del propio día 22, en la tradicional ceremonia
de la Ratificación de Juramento, se efectuó un acto inédito y trascendental:
las Sagradas Imágenes fueron sacadas del recinto catedralicio, dando un
recorrido por el primer cuadro de la ciudad, y haciendo una parada en seis
estaciones dispuestas alrededor del jardín principal, cada una de las cuales
contenía los escudos que enarbolan la corona pontificia de San José: el volcán
en erupción, la Iglesia Catedral, el labrador, el tránsito de San José, la
inscripción de la mayordomía y el párroco, y, la Sagrada Familia.
La emotividad de estos solemnes actos fue completado con el
colorido de las tradicionales quemas de los fuegos de pirotecnia, resultando
ser del mayor atractivo por la belleza y fastuosidad los castillos, durante
todo el novenario.
El día más esperado, sin duda alguna, es el del tradicional
desfile de carros alegóricos, por las principales calles de la ciudad, ríos de
gente se concentraron a admirar esta procesión, y en donde los danzantes y
sonajeros son parte esencial de este rito religioso. Al final de esta
procesión, el hermoso y sencillo trono que fue preparado para la Sagrada
Familia, es vitoreado y aplaudido por la muchedumbre reunida. El tema central
fue el de la coronación.
Al término del desfile, las imágenes fueron bajadas del
trono y llevadas en andas hasta el domicilio de Reforma 73, casa habitación de
la Mayordomía de 1957, donde se recordó a los esposos Arias Sánchez, quienes
hicieron posible la Coronación Pontificia de San José.
De ahí partió el cortejo hacia el domicilio de la actual
mayordomía, rumbo a la colonia Provipo, hacia la parte poniente de la mancha
urbana, donde las imágenes pasaron toda la noche y fueron visitadas por la
feligresía que, de diversos puntos de la república y el extranjero, llegaron a
rendirle honores a San José.
Al día siguiente, la Sagrada Familia ya de regreso en
Catedral, todos esperaron expectativos el sorteo o rifa en la que salió el
nombre de la mayordomía de las fiestas para el año 2008.