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Especiales
Grandes Recuerdos…
Un Suspiro… por Zapotlán
Alvaro Anguiano Cedano
buzon@periodicoelsur.com

Sábado 24 de Noviembre del 2018
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Primera de dos partes

CIUDAD GUZMAN, JAL. (EL SUR).- Algunos de ustedes preguntarán: ¿Por qué este título de Grandes Recuerdos… Un Suspiro… por Zapotlán? Les contesto que los grandes recuerdos, son las vivencias que tuve en mi niñez, en mi adolescencia y en mi juventud, que al vivirlas, las asimilé y las guardé en mi mente, para ahora en mi vejez, recordarlas junto con todos mis contemporáneos, al plasmarlas para que sean enseñanzas de las futuras generaciones de mi Lindo Zapotlán.

Además, las palabras Un Suspiro… por Zapotlán, se refieren a que, un servidor, se encuentra lejos del terruño que me vio nacer y que ahora, sólo me queda inhalar y exhalar Un Suspiro… por Zapotlán.

En esta cuarta edición, les voy a platicar, sobre los diferentes Talleres de Tipografía (Imprentas) que había en Ciudad Guzmán, municipio de Zapotlán El Grande, allá por la década de los años 50’s, pero fue Juan Gutemberg, quien vino a este mundo en el año de 1399, en Maguncia, Alemania y lamentablemente se fue un día 3 de febrero de 1468, a la edad de 69 años.

Las imprentas, deben tener un olor a gasolina, thiner, aceite y hasta petróleo, para limpiar los diferentes objetos que se utilizan, como los rodillos, el disco de la prensa y las formas que ya fueron impresas, además de los peinazos de madera, con sus cajas de tipos (letras), las regletas de madera, la guillotina, la prensa Chandler, rayas de latón, interlíneas de plomo, las ramas y cuñas de acero.

Cada caja en su respectivo peinazo, contienen las letras del abecedario, así como los signos ortográficos, tal como se muestra en la toma de una caja y los tipos son de diferentes tamaños o cuerpos, partiendo de 6 puntos, 12, 14, 18, 24, 30, 36, 42 y 48 puntos que equivalen a cuatro cuadratines.

Mientras que las letras de mayor tamaño, eran fabricadas en madera, desde los 8, 10, 15 y 20 cuadratines, que se utilizaban para el formato de programas de Box, Lucha Libre, Futbol, Kermeses y hasta programaciones (Décimas) de las Fiestas Religiosas, sin faltar las cartulinas de SE VENDE o SE RENTA.

Sobre el tema de la ubicación de los Talleres de Tipografía, les diré que la Imprenta El Azote, de Don José O. Cueva (+), estuvo primeramente en el Portal 5 de Mayo y me llamaba mucho la atención, los señores que metían y sacaban papel de una máquina, sabiendo después, que eran los impresores o prensistas.

A la vez, también miraba a las personas que estaban paradas sobre unos bancos de madera, moviendo rápidamente los dedos de la mano derecha y con la izquierda, sostenían un objeto metálico; conociendo que era un componedor y que ellos eran los tipógrafos o cajistas.

Esta Imprenta El Azote, se cambió a la calle José Clemente Orozco, en el # 36-38, permaneciendo muchos años y tiempo después a la muerte de D. José O. Cueva, se mudó por la misma calle al número 84, siendo administrada o atendida por la Srita. Elisa Cueva Toscano, quien en un tiempo se había desempeñado como Secretaria de la CANACO, ubicada por la calle Federico del Toro, y Licho también atendía, como dueña, la Papelería AYCA que estaba por la calle Reforma.

La Imprenta Ramírez, que fue el inicio de mi aventura en las Artes Gráficas, estaba en la esquina de las calles Refugio Barragán de Toscano e Hidalgo, siendo su propietario el señor don Salvador Enrique Ramírez Rolón (+), quien editaba el Bisemanario EL ZAPOTLÁN, que salía a la venta los jueves y domingos.

Además ese local de casa habitación e imprenta, servía como bodega del refresco Squirt y también como la Cueva de los Leones; siendo también la Primera Base de la Cruz Roja, con una ambulancia, en color gris y que por cierto fue bautizada por el pueblo, como La Ratona, siendo uno de los primeros voluntarios el fallecido periodista Don Luis Leguer Lizardi.

Al solicitar la Imprenta Ramírez, aprendices de tipografía, un servidor, allá en el año de 1953, se interesó en el aprendizaje, iniciando como barrendero y doblador de papel; además de voceador del periódico Zapotlán, ganando 10 centavos por ejemplar, ya que costaba 25 centavos; los jueves vendía nada más 20 ejemplares, porque tenía que asistir a la Escuela Manuel Chávez Madrueño.

Tras pasar la prueba de cajista, basada en la ortografía, empecé a ganar por semana 7 pesos, más lo de la venta del periódico, se me hacía un total de 12 pesos, que eran bastante buenos en aquella época, en que la mayoría de artículos se compraban en centavos y no en pesos como ahora.

Luego, la Imprenta ROLSE, que se ubicaba enseguida del Hotel Anguiano, hoy Zapotlán, al final del Portal Morelos, solicitó cajistas oficiales para la edición de un periódico que se llamaría “El Noticiero” de Don Francisco Barragán Espinoza (+).

Acepté la invitación, ganando 25 pesos a la semana, trabajando en un pequeño local, a un costado de la Casa Lala y la Farmacia Elizondo, del Dr. Juan José Elizondo Díaz; luego en ese misma tramo, que aún no tenía el Edificio Ríos, se ubicaba un taller de reparación y alquiler de bicicletas, atendido por don Valentín y al final, esquina con la calle Clemente Orozco, estaba un billar.

Estoy hablando, cuando la parte mencionada, aún no tenía la planta alta y en ese tramo también estaba el puesto de doña Dolores (+) y otro pequeño puesto de la Familia Avalos, atendido por los jovenazos José Guadalupe y Sabino.

El Lic. Isidoro Lomelí Leal, propietario de la Imprenta Rolse, fue el primero en traer a Zapotlán, un linotipo, máquina fundidora de plomo, que se instaló por la calle Refugio Barragán de Toscano, casi al inicio del Portal Zaragoza, donde está o estaba una llantera, y este Linotipo, vino a reemplazar, parte del trabajo de la tipografía, al elaborar en lingotes de plomo, las líneas de las notas.

Servía la tipografía, únicamente para los títulos o encabezados de las notas y la elaboración de anuncios que conseguía el Maestro de Música Don Antonio Peredo, por cierto bastante neurasténico, que vivía por la calle Colón, acera poniente, adelante de la calle Independencia.

Y digo, corajudo, porque en cierta ocasión, puso como palo de gallina al encargado del Taller Don Gerardo Urzúa, porque en una cartelera del Cine Juárez, puso Juáres con “ese”, recalcándole, aquí enseguidita está el letrero del Cine Juárez y no pudieron haberse fijado, ahora, a ver qué explicación le doy al gerente del cine, para que me pague la publicidad…
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