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  Ciudad Guzmán, Jalisco, México,
El Anarkista
De filósofos balines y cretinos ilustrados.
Lic. Rodrigo Sánchez Sosa
buzon@periodicoelsur.com


Viernes 16 de Febrero del 2007
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“La conciencia crea el orden, no lo descubre.”  Yo.

Qué sea la verdad última, el ser en si, ha sido una pretensión del  hombre desde tiempos remotos. Es necesario una cosmogonía que sustente la cultura, que ordene el caos que es la naturaleza. El animismo, la religión y la razón, en ese orden, han aparecido en auxilio del hombre para moldear su espíritu, y de está manera su cultura, a lo largo de su historia como especie.  Sin embargo, estas tres modalidades de ordenación de la realidad, no son más que antropomorfismos, una proyección del hombre en la realidad per se . Algo es cierto, ya lo dijo Kan, no estamos seguros de que sea la realidad en sí misma, es decir, independiente del hombre, de su experiencia en está, de su interpretación limitada de la misma. No tenemos mas que los cinco sentidos para experimentar, para percibir la realidad que nos trasciende, de la cual estamos limitados por el perímetro de nuestro cuerpo físico, no propiamente por la piel que falsamente parecería la frontera entre el yo y la realidad, sino entre la conciencia y el propio cuerpo. La conciencia, no es parte física de nuestro cuerpo, por lo tanto no pertenece a esa realidad trascendental del concepto kantiano. La conciencia del yo se pierde en el infinito de Fichte: el yo que se piensa así mismo, que a su vez debe ser pensado, para tener sentido de existencia, por otro yo que lo piensa.

La conciencia es el pensar, decía Descartes: “cogito ergo sum”, pienso luego existo; pero el que piensa, piensa en algo, no hay pensamiento puro. Las ideas innatas, demuestra Kant en su “critica de la razón pura”, son una ilusión. Dice Kant, hay conceptos previos sin los cuales la conciencia no puede experimentar el mundo, ni así misma, son la base de la realidad y la conciencia misma. Deduciendo de las matemáticas y la geometría, el tiempo y el espacio como ordenadores del mundo en función de la razón, Kant  razona: podemos pensar en un espacio vacío, pero no en objetos sin espacio; podemos pensar en tiempo sin sucesos, pero no en sucesos sin tiempo.  El éxito del mundo racional yace en estos dos conceptos kantianos sin los cuales la realidad y la conciencia no tienen sentido; más tarde dirá Hegel: “todo lo real es racional y todo lo racional es real”, lapidaría consecuencia del racionalismo.

Sin embargo, lo racional sigue siendo un antropomorfismo, una proyección del propio hombre en la naturaleza.

La naturaleza es un ente caótico, con estados de equilibrio pasajeros, son la probabilidad y la estadística las que crean la ilusión del orden y la inmutabilidad de  determinados procesos naturales. La conciencia del hombre, entonces, creó está quimera. No están el universo, ni la naturaleza, determinados por leyes que lo ordenan todo, de manera cómoda y comprensible para el hombre, son más bien caóticos e indeterminados, de ahí su potencial creativo. La casualidad y no la causalidad rige el universo. La verdad es una creación humana, una inferencia lógica, cuyas leyes son arbitrariamente impuestas por el hombre y su momento particular histórico. ¿Se sigue de ahí, que la verdad no sea deseable?, por su puesto que no. Sin embargo, la verdad como producto de un momento cultural, de un contexto histórico, es tan caótica e indeterminada como la realidad trascendental, así como la conciencia que la creó (de hecho no podría haberla creado sin ser caótica). Decir que la verdad es inmutable y eterna es insostenible. El mundo, la naturaleza y el hombre son caótico e indeterminados, con lo cual se vuelve al principio: el caos es la única realidad pensable, el hombre se busca en él para perderse y encontrarse, recreándose así mismo.

El filósofo tiene pretensión de verdad. El cretino cree poseer la verdad, cuando la verdad no se posee ni así misma.

“Dios no juega a los dados”. Albert Einstein  (Físico-matemático, 1879-1955)

“Dios no sólo juega a los dados, sino que los tira donde nadie los ve”, “si dios existe y creó el universo, después ya no le importó”, “nunca existió el momento de la creación...¿dios?, esa hipótesis no la tome en cuenta a la hora de elaborar mi teoría” (al Papa Juan Pablo II en el Vaticano).  Stephen W. Hawking  (Físico teórico, 1942-).

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