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Entre Columnas
Celebremos pues, este bicentenario
Por: Ramiro Arredondo Hernández
entrecolumnas@yahoo.com.mx


Viernes 4 de Junio del 2010
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E-mail entrecolumnas@yahoo.com.mx
Puerto Vallarta Jalisco
 
Dicen los patrioteros, que deberíamos celebrar el bicentenario de  esta agobiada nación, donde nos tocara vivir. Porque sólo locos podríamos negar a esta patria amada que nos sostiene, a pesar de la poca madre de sus gobernantes. Y es que el águila de la patria anida aquí, donde los hijos nacieran y enterráramos a nuestros muertos. Para nosotros, la patria chica sería este Vallarta del que tanta saliva se vierte, dizque recuperando historia y tradiciones. Un rescate, que sería útil si sirviera para remediar una decadencia que ha venido empeorando año con año. Un Vallarta, que arribando a sus 92años pareciera padecer la precocidad de una senectud parapléjica.
 
No hablo de otro lugar en alguna dimensión desconocida, cuando me refiero a este mismo Vallarta que desde hace mucho no ha podido jalar más inversión hotelera ni verdaderas fuentes de empleo. Me refiero a este Vallarta formado por gente acostumbrada a una vida de trabajo. Gente, que ha sabido superar una crisis tras de otra con ejemplar estoicismo. Un Vallarta que, pese a advertencias, sigue fomentando una perniciosa acapulquización cuyos efectos ya se suman a ésta, la peor crisis en la historia. Hoy pareciera no tener caso añorar aquella bonanza turística de los setenta y los ochenta.
 
Porque si la evocáramos, podríamos constatar cuánto se ha desplomado la actividad turística desde aquellos gloriosos tiempos. Consecuentemente, mortifica a todos el terminar arrastrados por la peor ruina económica que se recuerde. Una vorágine que está arrastrando al caño a comercios y servicios, dejando a unos fuera de combate y a otros, boqueando por no morirse. Pero aún así los felices juglares del gobierno pregonan maravillas, ante un Vallarta frustrado y sucio. Un municipio, donde gobierna el desorden y donde se han desatendido casi todos los aspectos públicos, por una alcaldía que ya no garantiza la permanencia del Vallarta turístico ni del Vallarta social.
 
Situación nada nueva cuando la palabra cambio, en Vallarta, no significa necesariamente eso. Porque tres trienios albo celestes, supieron a tamal de la misma olla que rematarían con lo del Kenna y el dengue. Enseguida otras dos alcaldías tricolores, más la vigente, han fomentado puros desbarajustes. Hoy la obesidad del ayuntamiento engulle enormes recursos en pagos de nómina y endeudamientos. ¿Para qué tantas contribuciones si van a beneficiar a ociosos y alcahueterías? Porque hoy, esa tesorería municipal no es más que una coladera, que tira todo lo que se le mete.
 
Aparte de este pozo sin fondo, la saturación de expendios de embriagantes es ahora otro cáncer social de Vallarta. Una paradójica proliferación, que se da inversamente proporcional al cada vez más escaso patrullaje de una casi inexistente seguridad pública. Y éstos, no son más que dos de los engendros de una corrupción indiferente a ideologías, cuando lo primordial es cuánto se desviará a fin de trienio o cuánto se endeudará a la siguiente alcaldía. El saqueo es ahora parte de una cultura de un Vallarta, que lleva casi 40años tolerando ladronerías. ¿O ya se nos olvidó aquél fideicomiso que nos desvalijara durante años?
 
O ese colector residual, que descuartizara a Vallarta arruinándole su  Centro y provocara una migración comercial hacia las Plazas de la Zona Norte  y Nuevo Vallarta. O aquel Diciembre Negro del 94 cuando la banca no dejara títere con cabeza y desembocara en un 1995 donde bancos, Hacienda, Finanzas e IMSS generalizaran el embargo sumario. No fueron pocos los endeudados que optaran por el suicidio y muchos más, los que abandonaran México a la espera de mejores condiciones. Pero al regresar, serían dueños sólo de lo que tenían puesto cuando los embargos los dejaran en la vil chilla.
 
Aún así y contra vientos y mareas, éstos mismos reivindicarían a Vallarta en los años siguientes confirmando una tenacidad empresarial que sobrevive a las calamidades de los gobiernos. Pero llegaría la actual Madre de Todas las Crisis, misma a la que ya no se sabe a qué más achacarla.  “Lejos de la incoherencia calderonista, Vallarta se fue a pique por tanto descuido, cuando su imagen fuera destruida por los desarrollistas” comentaría un distinguido hotelero, agregando “nuestra crisis es muy de nosotros y fue provocada por varias alcaldías corruptas”.
 
“Por eso la Semana Santa sería sabor de engaño y tras la de Pascua, subsistimos a base de puro heroísmo. Porque se requiere bravura para tenerlas todas en contra y ninguna a favor. Mayo comenzamos pagándolo y éste, terminó endeudándonos. Porque ni ayuntamiento, ni Finanzas, ni Hacienda, ni Seguro, ni otras yerbas más, nos consideraron ante la aridez turística y caída de ventas. Así, junio nos acoge con 30% menos de esas empresas  que les ganara la risa.  Y para antes de agosto, la mitad de los negocios sobrevivientes se habrán descapitalizado, al cubrir el piojo con lo poco ahorrado”.  Celebremos pues, este bicentenario.  
 

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