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  Ciudad Guzmán, Jalisco, México,
Entre Columnas
Caldito de caguama
Por: Ramiro Arredondo Hernández
entrecolumnas@yahoo.com.mx


Miércoles 5 de Mayo del 2010
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Ramiro Arredondo-Hernández
E-mail entrecolumnas@yahoo.com
Puerto Vallarta Jalisco
 
Este pasado 3 de Mayo algunos incongruentes celebraron una, dizque, Libertad de Expresión. Gente vendida pues, que no es libre de expresarse cuando lo que redactan, o difunden, está muy condicionado por el chayote. Ahí la alcaldía de Chavita cometería el disparate de discriminar entre periodistas, invitando sólo a incondicionales que, o bien ya reciben mochada, o están en proceso de ser chayoteados. Porque no se invitaría a nadie asociado con esa prensa liberal que, desde el día uno de esta administración, no ha hecho más que señalar las desvergüenzas de un Chavita necio en encubrir a su antecesor y mecenas electoral. Un Chavita pues, que ha carecido de la hombría suficiente como para destetarse de un Javi Potter sobre quien pesan demasiados señalamientos.
 
Y como en apariencia Chavita ignora que lo cortés nunca quita lo valiente, seguramente volvió a prestarle atención a alguno de sus improvisados, recomendándole que no invitara a fulano que a perengano, dizque porque no le aplauden sus gracias y rarezas. Esta actitud delataría a un Chavita igualmente ignorante de que, claro que sí, a los amigos hay que tenerlos cerca, pero a los enemigos aún más cerca. Pero Chavita ya tendrá tiempo para madurar luego que empiece a cosechar las semillas que ha sembrado, y entienda que, la cortesía, es la llave más importante para encontrar soluciones. Careciendo de atenciones para con el periodismo libre, el buen Chavita con su Fiesta del Día del Chayote, puede irse preparando a afrontar las consecuencias de sus descortesías.
 
Porque, muchos de los que fueran excluidos por el joven  alcalde, no se tallarían de nalgas por una caridad  consistente en algo de carne asada y algunos tragos, cuando lo que los verdaderos periodistas buscan del 3 de Mayo es poder chacotear con los del gremio, indiferentemente sean comunicadores libres o chayoteros. Pero como siempre hay una primera vez ésta sería, la primera ocasión en varias décadas, en que un alcalde omite invitar a esos comunicadores, cuyas carreras se sustentan en el ejercicio de la Libre Expresión.  Pero Chavita tendrá mucho tiempo de sobra, para comprender qué se entiende por Relaciones Públicas y, cuánto cuesta resarcir una metida de pata luego de dejarla ir hasta la rodilla, de adrede o por pura novatada.
 
Porque quienes no invitara Chavita a su aquelarre, de todas maneras saben que este festejo se hizo abusando otra vez, de los fondos públicos. Aparte de que los que no asistieran, quizás no lo hicieron con tal de no mirarles la jeta a aquéllos, que con tanta frecuencia son el objetivo de la crítica periodística. Porque muchos en los medios conocen  aquello del, dime con quién andas y te diré quién eres. Los que sí fueran convidados y asistieran, lo hicieron por dos cosas que saltan a la vista: 1)Porque su incondicionalidad obedece a que reciben chayote de la alcaldía, por servir de francotiradores y propagandistas; y, 2)Porque a pesar de que todavía trabajan como periodistas libres, son individuos  susceptibles de ser chayoteados en cualquier momento.
 
Así al calor de esta discriminación entre comunicadores, se ignora quién podría redactar una crónica de lo que aconteciera en tan ambiguo festejo, claro, celebrando una Libertad del Chayote. Aunque no se duda que por ahí, algún embrollado de los sesos, pretenda narrar cómo les fue en la tal celebración donde se diera la impresión de que Chavita, más que el alcalde, fuera el dueño de la huerta donde se siembra una gran chayotera. Así, al calor de una ficticia Libertad de Expresión que se enuncia pero no se practica, tampoco no faltará qué pasquín de marras publique algún mamotreto ensalzando una Libertad de Expresión sometida a la conveniencia de un miserable, y en veces espinoso chayote, que reciben los que se dicen periodistas sin serlo.
 
Pero son tiempos malos para el auténtico periodismo, cuando las anomalías administrativas parecen haber llegado para quedarse. Por eso hemos arribado a una era, en que por lo frecuente del señalamiento, ya poca o ninguna atención se le presta.  Y es que a la crítica le sucede lo mismo que esas campanas, que luego de estar ahí suene que suene, ya nadie las toma en cuenta. Por eso la desvergüenza llegó a Vallarta para establecerse, y ésta seguirá dándose aunque el periodismo diga lo que diga, porque así resulta el descaro público y los desvergonzados. Esto explicaría en corto a cierto personaje que luego de encubrir a su antecesor, ahora no puede ocultar su involucramiento como cómplice en el endeudamiento que hipoteca a Vallarta.
 
De haber asistido informadores de a de veras al festejo chayotero de Chavita, éstos no hubieran tenido empacho para aprovechar la ocasión y entrevistarlo, sobre todas esas  extravagancias, que causan tanto desengaño y desilusión entre los que por él votaran. Porque no son pocos los vallartenses que, hasta ahora, les ha caído el veinte del por qué, detrás de esa mascota que identificara la campaña de Chavita. Recordemos que también Javi Potter empleara una especie de garrobo como su insignia electoral, mismo lagarto que llegaría a colarse hasta los membretes de la papelería oficial del ayuntamiento. Por esto, quizás, el buen Chavita seguiría los pasos de su mentor imitándolo y escogiendo un mediocre, caballito de mar preñado de Pri.
 
Nadie previno que esta mascota, como divisa de campaña,   terminaría influyendo en el paradigma de Chavita y su alcaldía. ¿Por qué? Veamos: 1)El verdadero nombre de la mascota de Chavita, es hipocampo. 2)Un animalito que se caracteriza porque el macho, sí así es, consiente en ser preñado por la hembra ¡ah caray!  Y, 3)Este caballito, termina panzón hasta que termina el periodo de gestación. Algo semejante pues a lo que pasa con un Chavita embarazado hasta la madre por los santos pedos de un Javi Potter. A este embarazo tribal y priísta obedecen tantos señalamientos cuando el propio Chavita, de manera consciente, se retacara lo más corrupto que había, y ahora, tarde que temprano tendrá que afrontar las consecuencias.
 
Porque se repudia que Chavita pretenda justificarse, haciéndose pasar por un sujeto de palabra que sabe honrar sus compromisos, pero encubriendo ladronerías que le delatan como cómplice de Javi Potter. Por eso actúa como un alcalde granujiento e incapaz de llamar a cuentas a su antecesor. Como apenas comenzarán a tupirle tiznadazos, no se duda que alguno de sus improvisados asesores le recomiende a Chavita que, de plano, cambie su embarazado caballito de mar por una honesta tortuga chicharronera. Sí señor. Una, pero de concha gruesa y mientras más, mejor, para que allí reboten los jodazos que todavía están por lloverle. Y que le preparen su caldito de caguama, para engrosar más su concha y navegársela de muertito lo que resta de su trienio. Amén.








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