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  Ciudad Guzmán, Jalisco, México,
Entre Columnas
El empleo prolifera en tiempos de paz
Por: Ramiro Arredondo Hernández
entrecolumnas@yahoo.com.mx


Martes 27 de Abril del 2010
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Ramiro Arredondo-Hernández
E-mail entrecolumnas@yahoo.com.mx
Puerto Vallarta Jalisco
 
Mal hacen algunos en satanizar al estado de Arizona cuando, diera la impresión de que, muchos políticos mexicanos lejos de buscar las causas se han dedicado a tirar de tarascadas a los efectos de un México, cuyo principal producto de exportación radica en esos cientos de miles de connacionales, que la fuerza de su circunstancia obliga a abandonar un país, que no les diera ni siquiera la oportunidad elemental de tener un trabajo remunerador ni la certidumbre de un futuro. Y aunque el señor Calderón se eche porras hablando de una presunta recuperación, el síntoma de un agravamiento del desastre nacional reside en un aumento notable de la salida, del país, de mexicanos que luego de tocar fondo tomaran la decisión de autoexiliarse sin el apoyo legal ni jurídico de su propio gobierno.
 
Y abríase de estimar la papa caliente que representa un aumento del caudal de migrantes en una Arizona que, al igual que el resto de Estados Unidos, sufre en estos momentos los efectos de una recesión semejante a la de los años treinta, cuando la ocupación promedio representa sólo de dos días de trabajo por semana. Por supuesto que esto enrarece los ánimos de quienes miran una competencia desleal, en esos ávidos migrantes que hacen de todo sin quejarse y, por mucho menos dinero que los empleados formales norteamericanos. Esto daría origen a una ley que criminaliza a la migración ilegal, aunque hay quienes opinan que existe también cierto sesgo relacionado con la delincuencia dedicada al trasiego de droga, que aprovechan a los ilegales como presuntos porteadores, o burros.
 
El caso es que un estado como Arizona, formado exclusivamente por migrantes y al menos seis etnias aborígenes, ha legislado algo que siendo favorable para sus propios intereses ha venido a agravar la circunstancia de cientos de miles de personas, que huyendo de la mala situación de sus países al sur de la frontera, decidieran jugársela pasando la línea fronteriza desde Sonora a Arizona. Esto, en un efecto perverso provocado por la nula atención que dispensan los gobiernos federales, tanto de México como de otras naciones centroamericanas. Porque de existir certidumbre laboral en México, no habría más corriente migratoria hacia Estados Unidos que la turística. Nada qué ver, con la realidad de una fuga que ya suma millones de mexicanos en el país del norte.
 
Y serían precisamente los políticos del lado mexicano quienes pondrían un grito en el cielo, al tiempo que se rompen las vestiduras tildando a la ley anti migrantes, como una muestra de xenofobia y racismo. Nada más alejado de la verdad, cuando Arizona siempre se ha caracterizado por ser uno de los estados más hospitalarios de la Unión Americana. Baste citar que el contexto de mi familia está íntimamente ligado con Arizona, cuando en 1928 allá asilaran a mi papá, tíos y abuelos por una década, debido a las secuelas de aquella Revolución Mexicana, que quería eliminar todo lo que oliera a porfiristas. Y como mi abuelo fuera capitán de Rurales, luego de ser baleado por la espalda, optaría por abandonar a México llevando la familia a radicar en una pacífica y próspera Globe Arizona.
 
Ahí encontraron trabajo y educación así como un trato igualitario, hasta que diez años después regresaran a un México más tranquilo, reasentándose en Mazatlán y luego en Tepic de donde los abuelos eran originarios. Yo no puedo hablar mal de Arizona, cuando crecí y me eduqué en el Estado Libre y Soberano de Sonora, siendo mis casas de fin de semana ya Nogales que Phoenix o Tucson, donde hasta hoy todavía tengo amigos. Por eso me ofende que se les tilde de xenófobos y racistas, sin siquiera conocerlos. Pero de esta pinta, es la bronca que México les ha estado echando al lomo no sólo a Arizona, sino que a todos esos estados fronterizos que captan a diario la fuga de pobres más cuantiosa en la historia, entre ambos países. Una fuga, que sí tiene responsables en el gobierno federal mexicano.
 
Porque la salida masiva de jornaleros mexicanos está directamente vinculada con la gravísima corrupción que reina, lo mismo en México que en el resto de esos países bananeros, que han exhibido sus ineptitudes para crear empleos de calidad y han rebajado la naturaleza de los más pobres, a la de meros esclavos sometidos por la circunstancia y por esa burla que el gobierno llama “salario mínimo”.  Pero en México esta calamidad, lejos de mejorar, ha venido agravándose desde el 2000 cuando, ya de una manera o de otra, se ha venido vulnerando el 123 Constitucional al grado que lo más, es puro subempleo donde obligan a jornadas ilegales de hasta doce horas y hasta siete días a la semana, sin que las autoridades laborales persigan por oficio a estos negreros.
 
Y si bien es cierto que, en Arizona, pretenden criminalizar la migración ilegal, yo le pregunto al gobierno mexicano qué soluciones ha instaurado para crear empleos remunerativos, que reduzcan o eliminen la salida de pobres hacia los Estados Unidos. Porque es en este aspecto donde radica la causa de esa fuga de jornaleros, en una anomalía que tiene responsables y están al sur de la frontera, no al norte. Y en México, el responsable en turno sería un Felipe Calderón quien se autoproclamara pomposo “presidente del empleo” y ha resultado “presidente de la migración ilegal” debido a la nula implementación de políticas generadoras de empleo, en el ámbito rural donde la gente, desde que nace, ya tiene la etiqueta para que, en cuanto crezcan, buscar la manera de brincarse la valla fronteriza hacia los Estados Unidos.
 
Pero como toda calamidad tiene su colmo, éste se localizaría en que aparte de la falta de oportunidades se sumaría el avispero encabritado, por la presunta guerra contra la criminalidad declarada por, una vez más, Felipe Calderón. Un conflicto armado, donde cada vez resulta más frecuente el entrampamiento de inocentes, que caen bajo el fuego cruzado y donde la gente común ya no sabe de quiénes cuidarse: si de los malhechores o de esas fuerzas armadas que presuntamente los combaten, cuando ambos lados son igualmente aciagos. Y si la gente decide huir de México, ya sea por Arizona que por California o Nuevo México que Texas, es porque la cosa por acá está que arde, no así en la comodidad serena de Los Pinos, donde pareciera que no hace calor ni frío como en el resto de la república.
 
Así, si los de Arizona deciden legislar lo que a su jurisdicción compete, no veo por qué agentes ajenos a esta soberanía tengan por qué interferir y, decirse con derecho a la injerencia cuando en Estados Unidos, como en México, existe el derecho a la libre determinación de las naciones. Porque no creo que ninguna cámara de diputados ni la de senadores les caería bien que los americanos, digamos los de Arizona, quisieran meter su cuchara en los desmadres tan frecuentes de nuestros, muy honestos, legisladores ¿o acaso sí? Visto del punto de vista Juarista, se estaría violando el derecho de Arizona para legislar sobre lo que atañe a su soberanía y jurisdicción. A menos que, en México, se considere legal el allanamiento del territorio nacional por extranjeros sin documentación ni visados en regla ¿o sí?
 
Ahora que, como palo dado ni Dios lo quita, queda preguntarnos si el gobierno mexicano dotará de legalidad y apoyo jurídico a esos cientos de miles de desafortunados, cuyo destino final fuera convertirse en migrantes criminalizados por las leyes de Estados Unidos, no sólo de Arizona, como lo han pretendido dar a conocer. Porque casi todos los estados norteamericanos penalizan a la migración ilegal, condicionándola ya de una forma o de otra. Porque la solución a esta problemática de la migración, está en manos del señor Calderón si quisiera dotar a México de certidumbres, cuyo eje esencial es el empleo ¿estará dispuesto a dotar de trabajo a esos cientos de miles de mexicanos, a los que la pobreza expulsara de su propio país ante la indiferencia de su propio gobierno? Quién sabe.
 
Lo cierto del caso es que, México se ha ido alejando de la meta final de la globalización, cuando la consolidación de nuestro país en un bloque norteamericano de tres naciones, ya dejó de ser una posibilidad. Porque una Norteamérica Unida requiere borrar fronteras y compartir leyes, así como disponer de iguales oportunidades laborales, tanto en México como en Canadá que en Estados Unidos. Y si uno imagina que sólo México sufre una crisis, la realidad es que ambos gigantes del norte pasan por una depresión económica sin precedentes, que augura otro empeoramiento a corto plazo. Por su parte, México pareciera enfilarse al despeñadero cuando la guerra calderonista pudiera acabar con una de las pocas fuentes de empleo que todavía sobreviven, la del turismo. Alguien debiera decirle al señor Calderón que las fuentes de empleo proliferan en tiempos de paz. Nada que ver pues con Arizona y sus migrantes.
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