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Entre Columnas
Epidemia de amnesia política
Por: Ramiro Arredondo Hernández
entrecolumnas@yahoo.com.mx


Jueves 22 de Abril del 2010
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E-mail ENTRECOLUMNAS@yahoo.com.mx
Puerto Vallarta Jalisco
 
Uno de los fenómenos que más llama la atención de los analistas es el de esa transformación que sufren casi todos los  que, luego de obtener sus propósitos electorales, de inmediato olvidan sus compromisos contraídos con la ciudadanía. Se trata sin duda de una grave perturbación de la personalidad identificada por una amnesia, real o simulada, que vendrá fortaleciendo a esa anticultura de la mentira a la que el ente político recurre de manera frecuente y metódica. Esto explica esos embustes antes, durante y después de campaña, así como el resentimiento colectivo de la ciudadanía tras de ser traicionada  por estos fulanos en cuanto asumen el poder. Se confirma que así como prometer no empobrece, cumplir no es una práctica política.
 
Por tanto ya apoltronado el triunfador y carente de una memoria preelectoral, ahora se dedicará a acomodarse a las conveniencias de su partido con iniciativas que nada tendrán que ver con el interés ni las necesidades más elementales del electorado. Y cuando pareciera que existen excepciones en esta regla resulta lamentable reconocer que entre los políticos se da el paradigma de la casa del jabonero, es decir que el que no cae, resbala. Contemplada esta circunstancia en el microcosmos regional, basta con analizar las conductas de todos los aposentados y funcionarios para imaginar que lo mismo acontece por igual  en el resto de la entidad y por todo el país. Nada que no tenga que ver con una anticultura donde el beneficio de las mayorías, está ausente, debido al sistema político que rige las maneras de gobernar.
 
Un sistema administrativo enajenado, que se sirve del poder en todos los niveles gubernamentales y que obliga a los que van ocupando algún encargo a fingir demencia para olvidar que meses antes poco les faltara para bajarle los cielos a esa mayoría electoral que les favoreciera con sus votos, a cambio del más brutal engaño e incumplimientos. Incluso, no sorprende el que algunos aspirantes rebosados llevaran sus ofrecimientos más allá de la prudencia tomando como lema de campaña algunas frases medio pendejas. Slogans, que van desde el de un socarrón dizque Presidente del Empleo hasta el mitote de unas Soluciones Para Siempre, que nunca se darán. Quimeras impracticables y demagógicas que sin remedio terminaron diluyéndose ante el desconcierto de un electorado engañado y traicionado por los políticos.
 
Tómese como muestra esa frase de Soluciones Para Siempre que ha ido erosionándose desde que iniciara cierta fallida y endeudada alcaldía, al colmo de terminar rebajada en la dudosa palabra Soluciones, que nada expresa ante la escasez y nulidad de las acciones. Es pues una palabra demasiado escueta y sin intencionalidades definidas que en nada satisface el clamor de una ciudadanía que no pide sino que exige, soluciones, pero ya, sean las que sean. Claro, a menos que esas presuntas Soluciones, tengan que ver con solucionarle su santo pedo a un anterior alcalde o pretender pasar por Soluciones, el servirle de taparrabos a alguien que se hiciera desparramándola sin bajarse los pantalones y a quien muchos han señalado por su conducta derrochadora y por ser el culpable directo de la bancarrota municipal.
 
Pero más allá de esas frasecillas que serían flor de un solo día, la desvergüenza de los más de estos protagonistas se da en cualesquier parte y de manera indiferente de cualquier partido, cuando a los que han hecho una profesión chapulinesca de la política lo único que los distingue es, o bien esa avidez sedienta por afianzar una  administración, o mal ese estilo blandengue esgrimido por los que ya llevan años prendidos de la ubre del erario gubernamental. Estos últimos, que por lo general forman parte de algún partido en el poder y que, creyéndose infalibles, llegaran al remate de mostrar sus voces extenuadas ante los micrófonos detonando una profunda desconfianza entre quienes les escuchan, al dar a maliciar que su agotamiento obedecería a una enfermedad terminal o alguna senilidad censurable y hasta reprobable.
 
Pero esta observación puntual es interpretada de manera errónea, como una ojeriza injustificada, por estos veteranos en el arte del chapulinazo. No se dan cuenta que ellos mismos manifiestan ante el público su propio hartazgo producto de brincar de un cargo a otro, por varios periodos. El hastío que exhiben, tiene que ver con los muchos años disponiendo de jugosas quincenas bien aseguradas sin tener que sudar ni mortificarse, para justificarlas trabajando. Eso explica el por qué, muchos legisladores, optan por hacerle al hombre invisible o de plano hacerle al loco luego de haberle prometido la Meca y la Seca al electorado distrital, en un abuso grosero de la credulidad colectiva con tal de acaparar esos votos que les llevarían al triunfo sin que nada, ni nadie, les obligue al cumplimiento puntual de sus promesas. Es pues así la mutación del político, o quizás una epidemia de amnesia política.
 
 

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