Primera de dos Partes
El Siervo de Dios Presbítero Miguel de la
Mora, nació en Tecalitlán, Jalisco, el 19 de Junio de 1874, hijo de José de la
Mora y de Margarita de la Mora; fue Bautizado al día siguiente de su Nacimiento
en el Templo Parroquial de Tecalitlán, todo hace pensar que ahí recibió su
Confirmación y realizó su Primera Comunión.
Como sus Padres tenían un Rancho en una
localidad llamada “El Tigre”, en el Municipio de Tecalitlán, el entonces niño
Miguel pasaba la mayor parte del tiempo en el rancho, donde ayudaba a sus Padres
y Hermanos en las actividades del campo; le gustaba mucho montar a caballos,
por lo anterior se deduce que le gustaba el ambiente campirano.
En la Ciudad de Colima, radicaba un hermano
suyo llamado Regino, quien viendo el interés de Miguel de ingresar al
Seminario, lo llevó a inscribir a dicho centro de estudios.
No se sabe exactamente los años que lo llevó a
su formación prebisterial, debido a que los revolucionarios extrajeron
documentos del Seminario, algunos fueron quemados, otros más rotos y otros
fueron dejados a la intemperie, desapareciendo así toda evidencia. Se tiene
conocimiento de la fecha de su ordenación (1906), por datos proporcionados por
su familia.
Desempeñó su ministerio sacerdotal en los
siguientes lugares: Tomatlán, Iglesia Catedral de Colima, Hacienda de San
Antonio, Zapotitlán, permaneció en esta parroquia hasta mayo de 1918,
regresando nuevamente a la Catedral de Colima, donde recibió el encargo de
Director Diocesano de la obra de la propagación de la fé y la Dirección Espiritual
del Colegio de Niñas “La Paz”.
Empezaron a sentirse los tiempos difíciles
para la iglesia, el presidente de la República había expedido el 14 de Junio de
1926 “La Ley Calles”; el Gobernador de Colima, Don Francisco Solórzano Béjar,
se precipitó y adelantó las cosas antes que otros estados de la República.
Esto hizo que el Presbiterio Diocesano, con su
Obispo a la cabeza, en solemne histórica
Hora Santa, después de la libre manifestación
de la opinión de cada uno de los sacerdotes, unánimemente y por escrito,
rechazaran las arbitrarias disposiciones gubernamentales y aclararon en el
escrito: Rechazamos con anticipación el dictado de rebeldía. No, no somos
rebeldes sino simplemente sacerdotes oprimidos que no quieren ser “apóstatas”.
De acuerdo a esta “Ley Calles”, los sacerdotes
debían presentarse ante la autoridad civil para obtener su registro para poder
ejercer su ministerio y deberían estar a disposición de las mismas autoridades
para ser removidos y reubicados según lo consideraran dichas autoridades.
El obispo y los sacerdotes no estaban de
acuerdo con dicha ley; lo primero que hizo el obispo fue suspender el culto
público, lo que provocó la ira y el enojo de las autoridades civiles, lo que
dio cabe a que el obispo y sacerdotes fueran procesados; algunos sacerdotes
fueron desterrados y otros, ellos mismos se impusieron el destierro.
Por su parte, el Padre Miguel de la Mora, en
su casa celebraba la eucaristía. La dificultad del Padre de la Mora, era que
enfrente de su casa vivía un general y en un descuido de1 Padre, este fue visto
y hecho prisionero. Salió de prisión bajo fianza con la obligación de
presentarse diariamente en la Jefatura de Operaciones Militares.
Continuará